Chupacabras: la evolución creó una leyenda
Chupacabras
Fotografía de Eric Gay, AP
La leyenda de un misterioso monstruo que chupa la sangre al ganado se extendió en
México, el sudoeste de
Estados Unidos e incluso
China desde mediados de los años 90, cuando se denunció por primera vez la existencia de chupacabras en
Puerto Rico.
Ahora los científicos afirman poder explicar estas historias con la ayuda de la teoría de la evolución.
Supuestamente, los chupacabras han sido vistos recientemente, lo que
les convierte en monstruos mucho más accesibles para el estudio que, por
ejemplo, el monstruo del
Lago Ness o
Bigfoot.
En la mayoría de los casos, las criaturas han resultado ser coyotes con
escabiosis, también llamada sarna, una dolorosa y en ocasiones mortal
enfermedad que hace que al animal se le caiga el pelo y se le formen
costras en la piel, entre otros síntomas.
Para algunos científicos esta explicación es suficiente. «No creo que
haya que buscar más teorías», afirma Barry OConnor, entomólogo de la
Universidad de Michigan, que ha estudiado el parásito que causa la sarna
(Sarcoptes scabiei).
De la misma manera, el especialista en enfermedades
Kevin Keel
ha observado imágenes de cadáveres de supuestos chupacabras y afirma
que se trata de coyotes, pero comprende que otros no fueran capaces de
reconocer a este animal.
«Sigue pareciendo un coyote, pero en una versión bastante distinta», comenta Keel, que forma parte del Southeastern
Cooperative Wildlife Disease Study de la Universidad de Georgia.
«Si lo viera en el bosque no habría pensado que se trata de un
chupacabras, pero yo he estudiado coyotes y zorros con sarna durante
mucho tiempo. Una persona no profesional, en cambio, podría
confundirlos».
Evolución de los chupacabras
El Sarcoptes scabiei también es responsable de la sarna en humanos. El
ácaro se introduce bajo la piel del huésped (ya sea animal o humano),
segrega material de deshecho y deja sus huevos, lo que provoca una
reacción inflamatoria del sistema inmunitario.
En humanos la reacción alérgica suele ser una molestia menor, pero en
animales como los coyotes, que no han desarrollado defensas efectivas
contra el Sarcopte, puede ser mortal.
OConnor cree que es posible que el ácaro haya pasado de humanos a
perros domésticos y de éstos a coyotes, zorros y lobos salvajes.
Su investigación sugiere que la razón por la que la respuesta es tan
diferente es que los humanos y otros primates han vivido con el ácaro
durante gran parte de su evolución, mientras que otros animales no.
«Los primates fueron los primeros huéspedes» del ácaro, afirma OConnor.
«Nuestra evolución nos permite mantener controlada la sarna, a
contrario de lo que ocurre con otros los animales».
En otras palabras, la evolución de los humanos ha permitido que nuestro
sistema inmunitario neutralice la infección antes de que ésta nos
neutralice a nosotros.
Según Keel, además, los ácaros también han evolucionado, provocando
daños en humanos pero sin llegar a ser mortal, lo que podría
convertirnos en seres «no útiles» para ellos.
En animales, en cambio, no han alcanzado ese equilibrio. Por ejemplo,
en los coyotes la reacción puede provocar la caída del pelo y la
obstrucción de los vasos sanguíneos, además de fatiga general.
¿Una explicación para el mito?
La teoría de que los chupacabras son coyotes sarnosos explicaría por qué se les suele ver atacando el ganado.
«Los animales que sufren esta enfermedad suelen estar muy débiles», afirma OConnor.
«Si no consiguen sus presas habituales, se acercan al ganado, que es más fácil de cazar».
En cuanto a la idea de que chupan sangre como los vampiros, es posible que se trate de una exageración propia de la leyenda.
«Creo que es parte del mito», añade OConnor.
«Evolución» de una leyenda
Loren Coleman, director del Museo Internacional de Criptozoología de
Portland (Maine, Estados Unidos) también es de la opinión de que los
avistamientos de chupacabras, sobre todo los más recientes, podrían
explicarse por la presencia de coyotes o perros sarnosos.
«Aunque no significa que explique todos los aspectos de la leyenda», puntualiza.
Por ejemplo, los más de 200 avistamientos declarados en 1995 en Puerto
Rico describían criaturas que no tenían características caninas.
«En 1995 se creía que los chupacabras eran criaturas bípedas que medían
aproximadamente un metro de alto y tenían pelo gris, con pinchos en la
espalda», afirma Coleman. «Sin embargo, la descripción del monstruo
comenzó a cambiar a finales de los 90 debido a errores de traducción en
los informes».
Hacia 2000 el chupacabras original ya había sido sustituido por la
figura canina: las criaturas bípedas ahora atacan al ganado sobre sus
cuatro patas.
«Fue un tremendo error», reconoce Coleman.
«Ahora, con los medios describiéndolos como perros o coyotes sarnosos,
ya no se oyen historias como las del principio en Puerto Rico o Brasil.
Este tipo de denuncias ha desaparecido y la versión canina se ha
multiplicado».
Origen del monstruo: ¿monos o películas de terror?
Entonces ¿cuál es la explicación para la leyenda?
Una posibilidad, según Coleman, es que la gente imaginó cosas tras ver
una película de terror alienígena que se estrenó en Puerto Rico el
verano de 1995.
«La fecha en la que se estrenó la película Species (Especie mortal) en
Puerto Rico, coincide con las primeras denuncias en el país », afirma.
«En la película, la actriz Natasha Henstridge tenía pinchos en la
espalda, como los de las primeras descripciones de chupacabras en 1995».
Otra teoría es que las criaturas de Puerto Rico eran en realidad monos
rhesus, que suelen incorporarse usando sus patas traseras.
«Estos monos estaban siendo objeto de experimentos en Puerto Rico en
ese momento, por lo que podría tratarse de un grupo que hubiera huido»,
añade Coleman.
«Podría tratarse de algo tan sencillo como esto, o también de algo
mucho más interesante, pues en la actualidad se siguen descubriendo
nuevas especies de animales».
Fuente: http://www.nationalgeographic.es/noticias/ciencia/chupacabras-la-evolucin-cre-una-leyenda
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El Chupacabras llega a México
El 1 de mayo de 1996 un reportaje en un programa de noticias de la
televisión mexicana alertaba a la población sobre el
creciente número de mutilaciones animales en las regiones de
Jalisco, Sinaloa y Veracruz, especialmente esta última en las
poblaciones de Las Trancas, Tlaliscoyan y Nachital, cuya
economía gira en torno al ganado caprino.
Sin embargo la Facultad de Medicina Veterinaria de la Universidad de
Veracruz no realizó ninguna investigación argumentando
que se habían enterado a través de los medios de comunicación.
La opinión de los expertos fue que se trataban de ataques de
coyotes o murciélagos.
Las primeras especulaciones hablaban de una nueva especie de murciélago
gigante de metro y medio de tamaño y un peso de unos 9 kg que
podría haber inmigrado procedente de Sudamérica, algo
así como los enjambres de abejas asesinas africanas.
José Burria, del Departamento de Agricultura Federal, atribuyó
por su parte las muertes a algún coyote o felino, posiblemente
exacerbado por la sequía en el norte del país. Claro que
no supo indicar por qué no habían ocurrido nunca antes en
situaciones semejantes. Mientras, las historias corrían gracias
a una prensa siempre ansiosa de aumentar sus dividendos, destacando
en esta labor los periódicos Sol de Sinaloa y Sol de
Occidente.
El miedo se iba extendiendo y las economías locales percibían
los efectos de la poca predisposición a salir de sus hogares,
sobre todo de noche, por parte de lugareños de las pequeñas
poblaciones del norte de México. Ellos argumentaban que un humanoide
mujer-lobo aullaba y gemía en la oscuridad. Este hecho tiene,
según se dice, un precedente en la inusual ola de mutilaciones
animales que asoló la República Dominicana en 1978. Las
noticias de que seres humanos habían sido atacados por el
Chupacabras encendió mucho más los ánimos.
Teodora Reyes, vecina del villorrio Alfonso Genaro Calderón (sic),
en el estado de Sinaloa, mostró por televisión unas extrañas
"marcas de mordiscos", que en realidad parecían laceraciones
o quemaduras, producidas por una garra del Chupacabras. Sin
embargo ella no fue la única. Ángel Pulido, un granjero
radicado en el estado de Jalisco, mostró pinchazos semejantes
en su brazo derecho debidos, según señaló, a un gigantesco
murciélago que se parecía a una bruja. Y el alud aumenta
de volumen conforme progresa por la ladera descendente y aparecen
nuevas "víctimas" con pinchazos en puntos diversos del cuerpo
y de los que no poseían conciencia.
En el estado de Nayarit, la policia judicial, según se dice,
abrió fuego contra un Chupacabras en plena fuga antes de saltar
una cerca de 1,80 metros.
Fuente: http://www.escalofrio.com/n/Criptozoologia/El_Chupacabras/El_Chupacabras.php