miércoles, 27 de noviembre de 2013

La Leyenda del Cerro del Dashi

Leyenda de Hidalgo




Cuenta la leyenda que en el Cerro del Dashí, se encontraba una cueva, en la que según cuentan, moraban ahí las almas en pena que cuando vivieron se notaron por su crueldad, avaricia, explotadores y enemigos de Dios.
Cerca de ahí se encontraba una anciana pastora, de nombre Pomposa, en una ocasión escuchó que la llamaron, tan distraída estaba recogiendo leños, que no hizo caso, la llamaron más fuerte y entonces volvió su mirada a la enorme cueva donde se encontraba la figura de Don Luis, éste la invito a que se acercara. Al tenerlo cerca, se hizo para atrás, pues sabía que Don Luis había muerto unos veinte años atrás. “Ven - le decía -, acá adentro tengo mucho dinero que te lo regalaré para que ya no trabajes, también allá adentro tengo muchos de mis amigos como: Don Margarito Rosales, Don Enrique Mendoza, Don Bernabé Márquez, Doña Juanita García, en fin, a todos nosotros nos serviste mucho y ahora queremos recompensarte”, para entonces la anciana ya se había introducido y efectivamente en el interior había más gente rica, pero toda ya se había muerto, Pomposa logró reaccionar, dio media vuelta y corrió a la salida al tiempo que se encomendaba a Dios..

El árbol de la cruz

Leyenda de Querétaro




En lugar de flores brotan espinas en forma de cruz…
Cuenta la leyenda que esta particular planta, perteneciente a la familia de las mimosas, es la única en el mundo que en lugar de flores le brotan espinas, las que le dan forma casi perfecta de una cruz.
En junio de 1697 Fray Antonio Márgil de Jesús, uno de los primeros franciscanos que trabajó en la evangelización de los indígenas de Mesoamérica, al llegar de misionar y trayendo el bastón en que se apoyaba en sus largas caminatas, clavó dicho bastón en los prados del ahora jardín.
Al pasar el tiempo el bastón empezó a retoñar y a producir ramas con espinas en forma de cruces y creció hasta convertirse en el árbol que hoy puede verse con la rareza de que no produce ni flor ni fruto, sino solamente hojas diminutas que al llegar el inverno se secan.
El Padre Márgil de Jesús evangelizó durante 14 años Costa Rica, Honduras, El Salvador y Nicaragua , así como la selva Lacandona (Chiapas); lugares donde se consideraba que pudiera haber brotado una planta similar, a pesar de que es propia de tierras áridas.
Este famoso árbol de las cruces, se ubica en un pequeño jardín interior del Convento de la Santa Cruz de los Milagros, fundado en el año de 1654 como símbolo inequívoco del nacimiento de la Ciudad de Querétaro.
Fue el 15 de Agosto de 1683 cuando fundaron en el convento el primer Colegio Apostólico de propaganda FIDE de América, desde donde los misiones partían a tierras lejanas, como Texas, Alta California, Nicaragua y Honduras, para cumplir con su misión Evangelizadora.

Fuente: http://kingpakal.wordpress.com/2008/02/08/leyenda-de-queretaro-%E2%80%9Cel-arbol-de-la-cruz%E2%80%9D/

martes, 26 de noviembre de 2013

La Leyenda del Murciélago

Leyenda tradicional mexicana - Oaxaca)








Cuenta la leyenda que el  murciélago una vez fue el ave más bella de la Creación.
El murciélago al principio era tal y como lo conocemos hoy y se llamaba biguidibela (biguidi = mariposa y bela = carne; el nombre venía a significar algo así como mariposa desnuda).
Un día frío subió al cielo y le pidió plumas al creador, como había visto en otros animales que volaban. Pero el creador no tenía plumas, así que le recomendó bajar de nuevo a la tierra y pedir una pluma a cada ave. Y así lo hizo el murciélago, eso sí, recurriendo solamente a las aves con plumas más vistosas y de más colores.
Cuando acabó su recorrido, el murciélago se había hecho con un gran número de plumas que envolvían su cuerpo.
Consciente de su belleza, volaba y volaba mostrándola orgulloso a todos los pájaros, que paraban su vuelo para admirarle. Agitaba sus alas ahora emplumadas, aleteando feliz y con cierto aire de prepotencia. Una vez, como un eco de su vuelo, creó el arco iris. Era todo belleza.
Pero era tanto su orgullo que la soberbia lo transformó en un ser cada vez más ofensivo para con las aves.
Con su continuo pavoneo, hacía sentirse chiquitos a cuantos estaban a su lado, sin importar las cualidades que ellos tuvieran. Hasta al colibrí le reprochaba no llegar a ser dueño de una décima parte de su belleza.
Cuando el Creador vio que el murciélago no se contentaba con disfrutar de sus nuevas plumas, sino que las usaba para humillar a los demás, le pidió que subiera al cielo, donde también se pavoneó y aleteó feliz. Aleteó y aleteó mientras sus plumas se desprendían una a una, descubriéndose de nuevo desnudo como al principio.
Durante todo el día llovieron plumas del cielo, y desde entonces nuestro murciélago ha permanecido desnudo, retirándose a vivir en cuevas y olvidando su sentido de la vista para no tener que recordar todos los colores que una vez tuvo y perdió.

Fuente: http://www.bibliotecasvirtuales.com/biblioteca/narrativa/leyendas/murci%C3%A9lago.asp

La China Poblana








Cuenta la leyenda, que durante la colonia en México, el virrey de la Nueva España, Marques de Gálvez, hizo traer desde Filipinas a una esclava para su servicio personal. El nombre de esta niña era Mirra, hija de un rey mogol, que había tenido que dejar su ciudad y buscar refugio, pero poco después fue raptada en la India por unos piratas portugueses traficantes de esclavos y llevada a Cochin, al sur de este país. Aquí pudo escapar de sus raptores y se refugió en una Misión Jesuita, donde fue acogida y bautizada con el nombre de Catarina de San Juan. Desafortunadamente para Mirra, años más tarde los piratas la encontraron y la raptaron nuevamente, llevándola con ellos a Manila, donde la vendieron al mercader quien la llevó a la Nueva España. Sin embargo, al desembarcar en el puerto de Acapulco, se duce que el mercader encontró un mejor postor, quien le ofreció diez veces el precio ofrecido por el Virrey. Otros dicen que cumplió un pedido anterior. Se trataba del poblano Miguel de Sosa, quien la llevó a Puebla para su servicio.

El matrimonio de Miguel de Sosa no tenía hijos y adoptaron a Catarina como hija, pero no perdió su condición de esclava. En ese entonces se usaba decirle a la servidumbre femenina “china” por lo que así es como la gente le llamaba. Sin embargo, aprendió a hablar el idioma español, aprendió a confeccionar, a cocinar, pero nunca aprendió a leer ni a escribir. Vestía al estilo que utilizaba en su tierra natal y fue esto parte del origen de la leyenda, el vestido de “La China Poblana”.

A pocos años de su llegada, Miguel de Sosa murió y dejó indicaciones en su testamento de dejar en libertad a Catarina, pero no heredó, por lo que se fue acogida por el clérigo Pedro Suárez. Se dice que poco después comenzó a tener visiones de la Virgen María y el Niño Jesús. Decía que jugaba al escondite con el niño Jesús y que podía ver a los ángeles. En un principio se consideró que estaba perdiendo la cordura, pero con el paso del tiempo, la gente comenzó a respetarla y hasta a ser venerada. Comenzó a ser vista como una profetisa por mucha gente, incluyendo al obispo y a los sacristanes de la Compañía de Jesús.

el 5 de Enero de 1688 fallece, a la edad de 82 años. Mucha gente acudió a su velorio. Fue sepultada en la sacristía de la Compañía de Jesús donde aún se conservan sus restos.


Fuente: http://www.masconpuebla.com/Leyendas.html#anchor_42

lunes, 25 de noviembre de 2013

Fundación de Puebla





Cuenta la leyenda que Fray Julián Garcés, primer Obispo de Puebla al estar haciendo oración quedó dormido en el reclinatorio, tuvo un sueño en las vísperas de las fiestas de honor al arcángel San Miguel en el que vio una frondosa y hermosa campiña atravesada por un cristalino río, que aumentaba su caudal con los manantiales que brotaban de la fértil tierra, y cuando contemplaba esta maravilla de la naturaleza, descendieron del cielo unos ángeles, los cuales con unos cordeles hicieron el trazo de la población.

Al despertar de tan hermoso sueño reconstruyó todo lo que había soñado y se sintió poseído de una revelación divina, y después de que celebró misa, llevó a los religiosos del convento de San Francisco para comunicarles la buena nueva.
Pidió que los acompañaran a buscar tan hermoso lugar, después de que habían caminado 5 leguas se detuvo y dijo: "Este es el lugar que me mostró el Señor donde quiere que se funde la ciudad"

Fuente: http://www.corazondepuebla.com.mx/leyendas.html

El Callejón del Beso





Se cuenta que Doña Carmen era hija única de su padre intransigente y violento, pero como suele suceder, siempre triunfa el amor por infortunado que este sea. Doña Carmen era acortejada por su galán Don Luis, en un templo cercano al hogar de la doncella, primero ofreciendo de su mano a la de ella el agua bendita. Al ser descubierta sobrevivieron al encierro, la amenaza de enviarla a un convento, y lo peor de todo, casarla en España con un viejo y rico noble, con el que, además, acrecentaría el padre su mermada hacienda
La bella y sumisa criatura y su dama de compañía, Doña Brígida lloraron e imploraron juntas. Así, antes de someterse al sacrificio, resolvieron que Doña Brígida llevaría una carta a Don Luis con la nefasta nueva.
Mil conjeturas se hizo el joven enamorado, pero de ellas hubo una que le pareció la más acertada. Una ventana de la casa de Doña Carmen daba hacia un angosto callejón, tan estrecho, que era posible, asomado a la ventana, tocar con la mano la pared de enfrente.
Si lograra entrar a la casa frontera podría hablar con su amada, y entre los dos, encontrar una solución a su problema. Preguntó quién era el dueño de aquella casa y la adquirió a precio de oro.
Hay que imaginar cuál fue la sorpresa de Doña Carmen, cuando, asomada a su balcón, se encontró a tan corta distancia con el hombre de sus sueños. Unos cuantos instantes habían transcurrido de aquel inenarrable coloquio amoroso, y cuando más abstraídos se encontraban los amantes, del fondo de la pieza se escucharon frases violentas. Era el padre de Doña Carmen increpando a Brígida, quien se jugaba la misma vida por impedir que su amo entrara a la alcoba de su señora.
El padre arrojó a la protectora de Doña Carmen, como era natural, y con una daga en la mano, de un solo golpe la clavó en el pecho de su hija. Don Luis enmudeció de espanto…la mano de Doña Carmen seguía entre las suyas, pero cada vez más fría. Ante lo inevitable, Don Luis dejó un tierno beso sobre aquella mano tersa y pálida, ya sin vida.
El lugar existe y es sin duda uno de los más típicos de la ciudad de Guanajuato, y precisamente se le llama El Callejón del Beso.

jueves, 31 de octubre de 2013

El armado

Allá a principios del Siglo XVI los habitantes de la Capital de la Nueva España veían salir a este hombre misterioso del rumbo del Callejón de Illescas, que hoy es Calle de Pedro Ascencio. Callado, mustio, si acaso saludando con un: "Vaya usted con Dios" o "Santas y buenas tardes tenga su merced", o "Dios Guarde a su Persona", se perdía entre las sombras del callejón de Los Gallos, cruzaba los pantanosos llanos y llegaba a Corpus Christi. De allí siempre con su paso lento, se llegaba hasta las puertas del Convento de San Francisco y penetrando con resolución se iba a postrar de hinojos ante el altar y capilla del Señor de Burgos.
 Grandes y prolongados gemidos escapaban de su pecho, gruesos goterones de llanto resbalaban por entre la rejilla de hierro de su celada y en un tintinear de espadas y armadura, se inclinaba hasta besar el suelo siete veces.
 Allí permanecía orando, gimiendo y pidiendo perdón sin que nadie osara acercarse para enterarse qué clase de culpas solicitaba expiar. Después, se levantaba y continuaba su camino hasta hallar otra iglesia en donde penetraba para repetir sus lloros y sus oraciones.
 Primero los transeúntes lo miraban con miedo, con ojos interrogantes y después con respeto y lástima, pues se decía que era un penitente que arrepentido de sus graves culpas, andaba de la Capilla del Señor de Burgos hasta cuantos altares le era permitido el tiempo, hasta llegada la medianoche en que se le veía alejarse recorriendo los callejones de Arsinas, de los Betlhemistas, de La Celada, de los Sepulcros, de Santo Domingo y de los Monasterios, para perderse como ya se dijo, por el rumbo del callejón de Illescas.
 Sin duda alguna se trataba de un caballero, a juzgar por la ropa que vestía, negra toda, de seda y astracán, de asfodelo y paños cubierto este atuendo con la pesada armadura que portaba, su espada en la que todos reconocieron como hoja de hidalgo caballero y un puñal de izquierda o de misericordia, pues en un duelo a estoque jamás se remata al rival cuando ya agoniza, sino que se le remata con este puñal misericordioso que llega a cortar la vida de una vez.
 Así, año tras año y noche tras noche, se veía cruzar callejones y plazuelas, entrar al templo y sollozar a los pies del Señor de Burgos, a este caballero misterioso a quien se llegó a conocer como "El Armado".
 Servíale una mujer enteca y fría, que sólo salía para comprar lo indispensable para el alimento diario y para escuchar misa en la iglesia de la Concepción, pero jamás se interrogó a esta sirvienta ni se supo el nombre ni la alcurnia de su amo "El Armado". Las gentes decían que se trataba de un conocido caballero que malo había sido en su juventud y que había violado damas y engañado esposos, que había maltratado indios y engañado a encomenderos y en fin, que llevó una vida crapulosa de la cual estaba arrepentido y purgaba sus culpas pidiendo perdón en capillas y conventos.
 Al fin, un día, cuando la vieja enteca y fría salió a comprar hogaza de pan y vino, descubrió que su amo pendía colgado de uno de los balcones de la casa, casa magnífica, de piedra y cantera, con grandes balcones enrejados.
 Corrió la vieja de un lado a otro llamando a la Justicia y a poco se presentaban alguaciles y corchetes.
 Se descolgó el cuerpo de "El Armado" y se vió a través de la celada un rostro enjuto, lloroso y triste todavía.
 En la empuñadura de su espada de caballero estaba enlazada solo una palabra "paz" y dos estrellas. En el interior de su casa, que era todo lujo y brillantez, se hallaron grandes y pesadas talegas llenas de oro y plata, cofres con joyas y objetos de arte y cuanto puede tener para ostentación y lujo un gran señor, cuyo nombre escapó a la acuciosa investigación y oidores y alguaciles.
 Y cuentan que años después y aún a principios de siglo, algunas gentes que pasaban a deshoras de la noche podían ver a "El Armado", colgado de los hierros de aquella casona ya ruinosa y quienes con valor se acercaban, escuchaban sus gemidos y veían que por entre la rejilla de la celada, resbalaban lágrimas de pena.
 No se supo el nombre y el vulgó bautizó a ese callejón como "El Callejón de el Armado", en memoria de aquel suceso espeluznante.
 

Fuente: Leyendas Mexicanas de antes y después de la Conquista
Carlos Franco Sodja

Edit. EDAMEX